Domingo IV del T.O.: FELICES Y AMADOS VOSOTROS SI SALÍS DE VOSOTROS MISMOS.

 

El profeta Sofonías dice: “Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor… no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca. Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete”. Un resto, una cantidad pequeña, porque la mayoría no va a buscar al Señor, se extraviará por otros caminos. La fe no es la opción evidente y desde luego no es la vía fácil y preferida por la mayoría. Un pueblo humilde y pobre, ¿por qué? Porque si es soberbio y rico no buscará la salvación en Dios sino en su poder y en sus riquezas, la gente así no necesita ser salvada de nada, ya se sienten muy bien (aparentemente). Aunque el tiempo les dirá que eso no basta. La fe se convierte por tanto en una opción por lo esencial, se aprende a ser feliz con menos, a no poner en nada material o externo la propia plenitud. Para dejarse proteger y cuidar por Dios hay que abandonar otras seguridades y otras distracciones. Es bueno que nos preguntemos: ¿Busco yo verdaderamente mi salvación en Dios? ¿Busco salvación, seguridad, bienestar en otros lugares? ¿Dónde?

Primera carta a los Corintios da un mensaje poderoso: “Fijaos en vuestra asamblea: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso”. San Pablo pide una reflexión seria a los cristianos y que no caigan en buscar el éxito o admiración mundano. Les invita a pensar: no sois sabios, no sois aristócratas ni poderosos… hay gente necia y hay debilidad entre nosotros, pero ¿qué más da? ¿qué importa eso? Dios no te ama por tus títulos universitarios, ni por tu elocuencia, ni por tu poder o cargo importante en ningún lado (eso son vanidades humanas). Dios te ama a pesar de tu pequeñez y tu debilidad, ¿no te parece bastante esto? ¿Por qué vivís intentando impresionar a los demás? ¿Contra quién competís? ¿por qué competís? No necesitáis brillar o impresionar a Dios para ser amados. Tú ya eres amado. Dios ya desea darte la plenitud de una vida a su lado, que puedes comenzar a compartir ya, en este mundo, no hay que esperar al otro.

Mateo 5. Las bienaventuranzas son la descripción de esa Vida Nueva, de gozo y de luz que Dios desea regalarte. Felices los pobres en el espíritu, los de corazón humilde que no buscan plenitud en las cosas sino en Dios, en su amor; saben orar, saben hacer silencio, saben mirar lo profundo de la vida, no se detienen en el maquillaje. Felices los que lloran, no se desentienden de los problemas ajenos y no viven con una coraza, son capaces de empatizar con el otro. Felices los mansos, los que viven desde la serenidad, ni son violentos ni se imponen, buscan crear comunión y entendimiento. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, no se conforman con lo que hay, les duele la realidad y la injusticia y no permanecen inmóviles, harán lo posible por ayudar al hermano que sufre. Felices los misericordiosos, ellos han entendido de verdad cómo es Dios y saben imitarlo, sin compasión y misericordia nuestra religión está hueca y es falsa. Felices los limpios de corazón, no es sólo la pureza física sino la limpieza de egoísmo, tienen un corazón generoso, capaz de amar a todos y ver en todos bondad, como Dios. Felices los que trabajan por la paz, los que son capaces de complicarse la vida por hacer un mundo más sereno, donde haya entendimiento y sea posible convivir a pesar de las diferencias, en paz. Felices los que padecen persecución por la justicia, estos han vivido ya la radicalidad de la fe y el compromiso total, y esto les ha hecho molestos para alguien aunque son hijos benditos y muy amados de Dios. Felices todos ellos.

Cuanta mayor sea tu suerte, los bienes que poseas, tu formación, tus posibilidades económicas, etc; mayor es el compromiso y la responsabilidad que tienes en crear un mundo más justo y fraterno; que se preocupe por los pobres y los que sufren cualquier circunstancia adversa. Los dones siempre comportan tareas. Asumamos las tareas que nos trae tanta bendición como tenemos.

Víctor Chacón, CSsR