Domingo V del T.O.: EN LAS TINIEBLAS BRILLA TU LUZ CUANDO ERES COMPASIVO.

 

Isaías 58 quita muchas tonterías: “Esto dice el Señor: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor”. Una relación espiritual con Dios jamás aleja de la realidad y no, no permite desentenderse de los hermanos que tienes junto a ti. “Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz
”. Te vas a curar, van a sanar tus heridas, tu vida tendrá la luz de Dios… cuando seas capaz de amar a tus hermanos, compartir tu dicha y tu suerte y tener sobre esta tierra una existencia no egoísta, ni agresiva, ni calumniadora. Aprende a estar en paz y a vivir en paz con quienes te rodean. Aprende a comprender más y a juzgar menos y brillará en ti la luz de Dios.

Salmo 111: “En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor”.
Si tienes caridad…tu corazón está blindado contra el mal y contra el sufrimiento. Dios es tu consuelo. Tu corazón compasivo se apoya en el suyo. Has entendido bien cómo es el latido del corazón de Dios. Y tu corazón se ha acompasado con el Suyo. ¡Feliz tú si has aprendido a vivir así! Desde la búsqueda de la compasión, la caridad y el bien. Que mi vida sea semilla de bien que se siembre por donde pase. Que yo aprenda Señor, a ser consuelo para los demás, refugio, amigo, casa y bendición tuya.

Evangelio de Mateo: “Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos”. Sois sal y sois luz… os lo dice Jesús. Así que estáis llamados a dar sabor y a iluminar. Donde haya oportunidad de hacer algo bueno, de sumarse a cualquier actividad que crea justicia, solidaridad, ayuda… allí debería haber un cristiano/a. Es necesario que afronte esta pregunta con seriedad y profundidad: ¿Estoy yo siendo luz y siendo sal como Jesús espera de mí? ¿Cómo lo estoy siendo? ¿Dónde ilumino y salo? Tenemos 2 recursos escasos que nos acompañan en la vida: tiempo y dinero. De cómo los gestione se deducen muchas cosas: mis valores, mis prioridades, mis intereses…mi fe o ausencia de ella. Un discípulo de Jesús tiene gran parte de sus dones (tiempo y dinero) dedicado a amar y servir más a quienes más lo necesitan. Sin desentenderse obviamente de los que tengo cerca o en casa. Que cada uno piense y reflexione, ¿cómo puedo yo ser más Luz y más sal? ¿Hay algo que aún pueda hacer y no hago por comodidad, pereza…egoísmo? Dios no pide imposibles, pero lo posible sí que nos lo pedirá. Él nos ha enseñado el lenguaje de la entrega y la generosidad. No nos pasemos a otras gramáticas ateas.

Víctor Chacón, CSsR