21 Ene Domingo III del T.O.: BUSCAR LA COMUNIÓN Y SEGUIR A JESÚS Y SOLO A JESÚS.

Salmo 26: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida”.
Volvemos a orar y a invocar a Dios con la imagen de la luz tanto en este salmo como en la profecía de Isaías que también nos tocaba leer la noche de Navidad. Dios es Luz. Luz y salvación. Y desea iluminar todos los rincones oscuros y sinsentido de nuestras vidas. Es bueno acostumbrar las pupilas a esta luz para no cegarse. Cuando experimentamos a Dios así, como luz que me saca de la tiniebla, como luz que ayuda a caminar y a guiarme en la vida, uno solo desea como el salmista habitar en su casa. Estar siempre bajo esos rayos de luz sanadores y calentitos en el frío invierno. No voy a temer a nadie ni nada -dice el salmo- porque me protege Dios, Él me defiende.
1ª Cor 10: “Que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir. Pues me he enterado que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo». Qué cosa tan humana el que haya discordias, distintos modos de pensar o sentir, de expresarse y hasta de orar. La Iglesia admite la pluralidad y busca orientarla a la comunión. El problema son los enfrentamientos abiertos y los ataques entre hermanos, el odio verbalizado y la oposición como si fueran enemigos. Esto busca exterminar Pablo de aquella comunidad.
La Iglesia que es Madre y es sabia -tiene ya muchos años e historia- acompaña a cada nuevo grupo o Congregación que nace, a veces corrige, a veces reafirma cosas buenas que hay en ella, y va haciendo un camino de purificación y discernimiento para que ese grupo se integre en la comunión y en la diversidad de la Iglesia.
Es normal que la fe nos llegue a través de personas concretas -sacerdotes, catequistas o religiosas que nos marquen para bien y nos den mucha luz de Dios- pero el deseo de una fe madura y sana es no depender de nadie sino de Jesucristo. Y que, cuando esa persona (mediación de Dios) no esté, nuestra fe pueda continuar su camino adelante en otro lugar y con otras personas. Nos vinculamos a Cristo y a la comunidad eclesial, de otro modo estamos haciendo “grupos de élite” o “peñas de amigos”.
Mateo: Comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Jesús inicia su ministerio público llamando a la conversión al pueblo. Al cambio del corazón. La cercanía del reino es el motivo. En este contexto va creando la comunidad de discípulos y llamándoles personalmente desde su realidad. Simón y Andrés abandonan su barca de pescadores, dejan su trabajo, su seguridad y su medio de vida para vivir y seguir a Jesús. Jesús que es muy listo les dice: venid conmigo, que vais a seguir siendo pescadores (lo que ya sabéis hacer), pero de un modo nuevo. Él es así aprovecha siempre nuestro talento y cuenta con nuestros límites, a Jesús no le asusta nada de nosotros. Él nos ama. Seguro que Simón y Andrés fueron con alegría y entusiasmo detrás de Jesús, con curiosidad dirían: ¿cómo será eso de “pescar hombres”? ¿qué anzuelo se usará?
Llamada al seguimiento. A la conversión y al seguimiento, van ambos de la mano. Volver el corazón a Jesús y tratar de tenerlo siempre delante, como estrella y guía, como en Norte de mi brújula. Aprendamos a caminar detrás de Jesús cada día. A sacar un rato de escucha de su Palabra y de oración-conversación con él cada día. Solo así seré yo también discípulo suyo y quién sabe si también pescador de hombres.
Víctor Chacón, CSsR