11 Feb Domingo VI del T.O.: UNA JUSTICIA MAYOR, LA LEY DEL CORAZÓN.

Libro del Eclesiástico: “Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.
Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera”. Creemos en el libre arbitrio, en la libertad humana. Por supuesto que nadie es libre en sentido absoluto, pero sí tenemos muchas oportunidades cada día de decidir en un sentido o en otro. Podemos elegir el modo compasivo o el vengativo; la simpatía o la antipatía; la serenidad o el agobio; la crítica continua o el ver cómo mejorar las cosas… y así, en cada pequeño detalle. Para hacernos más conscientes de nuestra vida y de nuestras decisiones, para “habitar la propia casa” que decía Santa Teresa (sería algo así como vivir conscientes en el presente), ayuda y mucho el tener tiempos de oración y serenidad. Tiempos de escucha y no solo de activismo. Tiempos de revisión de vida. De ver si estoy caminando adonde Dios me quiere o me mueve mi capricho o…voy a la deriva sin rumbo. Él te ha puesto delante fuego y agua, pero si eliges fuego no te quejes de que quema… Hay una parte de nuestra realidad que es cosecha de aquello que hemos sembrado. Por eso conviene sembrar bien, semilla buena, donde el buen Dios esté presente y sea escuchado y acogido.
Evangelio de Mateo: “Os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos (…); todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín”. Estamos llamados a vivir una justicia mayor que la de escribas y fariseos, que era puro cumplimiento externo de la ley, pero sin corazón, sin compasión. No basta con el “no matarás”, dejarse llevar por la cólera e insultar ya es algo muy grave y ofensivo. Mirar con odio, difundirlo, alimentar el rencor ya es algo terrible. No basta con no matar.
“Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano”. Jesús busca que crezcamos en una oración sincera. No viviremos en paz con Dios hasta que vivamos en paz con nuestros hermanos, hasta que seamos capaces de perdonarnos; de abandonar el rencor y la memoria que se aferra a la herida y la reabre periódicamente. Pon paz en tu vida. Pon orden en tu corazón. No vivas aferrado al dolor ni victimizándote siempre (que es una forma encubierta de soberbia, de demandar siempre la compasión del otro, de asumir un status intocable e incuestionable como víctima). Ofrece a Dios un corazón humilde y reconciliado que es lo único que en verdad le agrada.
“Yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”. Vivimos en la sociedad del consumo y el placer. Y la tentación de cosificar al otro está ahí muy presente. De mirarlo simplemente como una “cosa bonita” que quiero probar, en lugar de como una persona con dignidad y sentimientos, con valor intrínseco. El problema hoy no es solo cosificar al otro, sino que hemos llegado a la “propia autocosificación”; gente que “se vende” y se expone a sí mismo como mercancía… Cuidado con lo que toleras. Cuidado a cómo te presentas a los demás. No te quejes de que todas las mujeres u hombres te tratan superficialmente, si tú también te presentas superficialmente. A veces alimentamos los lobos que nos atacan.
“Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo”… No habla literalmente Jesús, por supuesto. Pero sí pide poner remedio y límite a aquello que me hace caer. Alejarme de las ocasiones y contextos en los que puedo pecar y hacer lo que no quiero. Quien evita la tentación, evita el peligro. Y si no te vas a beber el té, para qué pones a hervir agua… necesitamos recordarnos el valor, el sentido y el propósito de nuestra vida. Y no lanzarnos en los brazos del primero que pase… “Si conocieras como te amo, dejarías de vivir sin amor” Canta la Hna. Glenda en una de sus canciones. El error es ése, buscamos plenitud en sitios equivocados. Pedimos al hielo que nos dé calor y al fuego que nos refresque. Y no se da. Aprendamos de los errores por favor. Inteligencia afectiva, memoria de pecador que tiene mucho futuro al lado de Dios.
Víctor Chacón, CSsR