“Auméntanos la fe y reaviva el don de Dios que hay en nosotros”. Domingo XXVII del T. O.

 

Ante las dificultades y durezas de la vida, los discípulos suplican a Jesús: “Auméntanos la fe”. Pero Jesús corrige su petición. Lo necesario no es un “suplemento” o “aumento” de la fe, sino una fe viva y activa. Tener fe es entrar en los dominios de Dios para el que todo es posible. Entrar en los dominios de Dios y salir de los de un mundo materialista y donde parece que todo depende de nosotros. “Tanto tienes, tanto vales” no es la dinámica de la fe, ni la de Dios. La dinámica de la gracia es otra. Todo lo que tenemos nos ha sido dado gratis, ha sido concesión de su bondad, aunque lo hayamos conquistado con nuestro esfuerzo; pues  otros se esfuerzan igual o más que nosotros y no consiguen nada…

Cuando se confía a los hombres un poder divino siempre va unido al cumplimiento de una misión. Quizás sea momento de revisar este punto en mi vida: ¿conozco mi misión, aquello que Dios quiere de mí, de mi vida, de los dones que puso en mí? ¿lo estoy realizando y lo hago bien? Jesús, según Lucas, señala a los discípulos: “Vosotros tenéis fe, pero vuestra fe no arranca árboles”. No tiene poder, no es operativa. ¿Le faltará entrenamiento, oración, obras…? Quizás.

Vuestra fe, viva, que es obediencia según San Pablo, debería también hacerse obedecer. Si vivís en obediencia a Dios, todo lo que existe -creación de Dios- os obedecerá a vosotros, pues estaréis en comunión con Dios, Pastor supremo, Padre de todo. A esto apunta Lucas. ¿Vivo mi vida cristiana como una búsqueda a de obediencia a Dios? lit. Obediencia procede de “ab-audire”, escuchar. ¿Tengo una escucha y apertura atenta a Dios y su Palabra en mi vida, y lo realizo con mis obras buenas y justas? Seguro que algo ha que mejorar o pulir, somos muy “humanitos”.

Necesario recordar las palabras de Pablo a Timoteo: “Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza. Así pues, no te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios”. Reaviva tu don, la fuerza del Espíritu que obra en ti y te sostiene. No caminas solo. A tu lado está Él. Y toma parte en los trabajos no según tus fuerzas o ganas… sino “según la fuerza de Dios” que obra en ti.

Vivir en esta docilidad y obediencia solo puede darnos una paz infinita. La de los siervos, la de aquellos que no poseen nada y no tienen la presión de gobernar o dirigir nada, ningún patrimonio, ninguna hacienda, nada que perder, todo es ganancia, ¡todo es gracia! Por eso cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

Víctor Chacón Huertas, CSsR